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martes, 24 de junio de 2014

L4: Materiales para la Unidad 1 de Latín de 4º de ESO

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Los orígenes de Roma
Marco histórico y geográfico de Roma
Los pueblos indoeuropeos
La Monarquía romana

Enlaces a las presentaciones :
          Autores: Rogelio Martínez y Jaime Morente.
          Adaptado por F. Manzanero y S. del Pozo
     
       ITALIA PRERROMANA

        A finales del segundo milenio a. C. se producen migraciones a la península itálica de pueblos indoeuropeos procedentes de Europa central. Durante un largo período, estos indoeuropeos «itálicos» coexistieron con los ligures, un pueblo de filiación discutida, probablemente no indoeuropeo, que ocupaba los territorios alpinos noroccidentales y su franja costera.

En el siglo VIII a. C. los pueblos itálicos conformaron un variado «mosaico» étnico y lingüístico: oscos, umbros, sabinos y latinos, entre otros, se hallaban establecidos  en las regiones centrales desde el mar Adriático hasta el Tirreno. En esta época también se asentaron en la península itálica los etruscos (en la costa noroccidental) y los griegos (en el sur y en la isla de Sicilia); de unos y otros recibirán posteriormente los romanos un decisivo influjo cultural.

Los mitos, al contrario que la arqueología, nos transmiten una rica información acerca del origen de Roma. Según la leyenda, el héroe troyano Eneas, huido de Troya una vez que los griegos conquistaron la ciudad, llegó al Lacio, donde fundó la ciudad de Lavinio. Su hijo Ascanio (también llamado Julo) fue el fundador de Alba Longa. Uno de sus sucesores, el rey Amulio, usurpó el trono a su hermano Numitor y se aseguró de que éste no tuviera descendencia matando a su hijo y consagrando a su hija, Rea Silvia, como sacerdotisa de la diosa Vesta, lo que la obligaba a mantener la virginidad. Pero el dios Marte, enamorado de Rea, procreó con ella a los gemelos Rómulo y Remo, que, al nacer, fueron arrojados al Tíber en una canasta por orden de Amulio para que no pudieran destronarlo. Una crecida del río, sin embargo, permitió que la canasta quedara varada en la orilla; allí una loba recién parida amamantó a los niños. Más tarde, el pastor Fáustulo los rescató y los crió como hijos.

Cuando crecieron y conocieron su identidad, los muchachos mataron a Amulio, restituyeron en el trono a su abuelo Numitor y decidieron fundar una ciudad donde fueron salvados. Pero Remo cometió un sacrilegio al atravesar el recinto consagrado por su hermano y murió a manos de éste. Rómulo, convertido en rey, fundó por fin la ciudad, a la que llamó Roma. Corría el año 753 a. C.

Contemplado desde una perspectiva histórica, el término «Roma» designa diferentes realidades: en sus orígenes se trataba de una pequeña población situada a orillas del río Tíber, cerca de su desembocadura; pero con el paso del tiempo dio nombre a un poderoso imperio que dominó la mayor parte del mundo antiguo.
 
LA MONARQUÍA ROMANA (753-509 a. C.)
Rómulo pasa por ser el creador del Senado y el codificador de las primeras leyes; en su reinado se sitúa el «rapto de las sabinas»: los romanos se procuraron las mujeres que les faltaban arrebatándoselas por la fuerza a sus vecinos. A Rómulo lo siguió Numa Pompilio, un rey piadoso y amante de la paz. Entre sus innovaciones hay que destacar la introducción del calendario lunar y la institución de las vírgenes vestales. Su sucesor, Tulo Hostilio, emprendió campañas militares para imponerse a sus vecinos: sometió Alba Longa y trasladó a Roma su población. El siguiente rey, Anco Marcio, nieto de Numa, extendió los límites de la ciudad y la convirtió en eje comercial de la península.

Al latino Anco Marcio lo sucedió el etrusco Tarquinio Prisco («el Antiguo»). Este cambio en la dinastía real no es sino el reflejo de la creciente presencia de los etruscos en la actividad política, social y económica del Lacio. Durante su reinado se hicieron importantes obras públicas en Roma: se llevó a cabo el drenaje del centro de la ciudad por medio de la cloaca máxima, se construyó el circo máximo y se comenzó a erigir el templo de Júpiter Capitolino. A continuación reinó Servio Tulio. La principal medida que adoptó el nuevo rey fue la confección de un censo de ciudadanos según su patrimonio; a partir de este censo se asignaron las funciones civiles y militares a las distintas clases sociales. El crecimiento de la población permitió a Servio aumentar los límites de Roma, que para entonces ya era la mayor ciudad de la península. Introdujo, asimismo, el culto a la diosa Diana, réplica de la Ártemis de Éfeso. El último rey, Tarquinio el Soberbio, se granjeó su sobrenombre por su forma de acceder al trono: en colaboración con su esposa asesinó a Servio, suegro de él y padre de ella. Impulsó una política expansionista librando continuas guerras con sus vecinos.

Pero los ribetes tiránicos que había tomado la monarquía fueron los causantes de su fin. Sexto, hijo de Tarquinio, violó a la noble Lucrecia, quien no soportó la humillación y terminó suicidándose. Este crimen hizo reaccionar a los nobles romanos: hartos de las arbitrariedades de los monarcas, expulsaron a la familia real e instauraron la República.